16 sept. 2007

En La Cima


Camino de tierra.
Regado y rebozado de piedras.
El polvo deslumbra nubes.
Detrás queda el espectro oscuro
de la promesa falsa.

Mis pies.
Frenéticos se mueven.
Uno detrás del otro.
El otro por delante de uno.
Pareciera que fueran a escaparse de mi cuerpo.

Las enaguas, las polleras.
El vestido pesado.
Un enjambre de encajes.
Una red de algas blancas que se enredan en mis piernas.

La cumbre.
Arriba.
Lejana.
Cuesta arriba.

Corría.
Era la carrera final.
Si.
Era la salida.

Mis pulmones estallaban,
dentro del corsé.
Mis pies sangraban,
dejando huellas, como flores rojas sobre la tierra.
Descalza y ebria corría.
Cuesta arriba.

Nada me oprimía el alma.
Todo me prometía:
Alegría.
Libertad.
Las guardianas del amor.

Flotaba como nube de castaños mi pelo.
Mis manos sostenían el vestido.
Para que mis pies pudieran escaparse.

Y no llegaba todavía a la cima.
No importaba.
Esta era la última huída.
Era el destino de aire.
Hacia la verdad.
Hacia la paz.
Hermanas del amor.

Allí en la cuesta arriba.
En la fuga desesperante.
Pude sentir la verdadera liberación.
Y reír.
Reír frenética al cielo.
Con la boca abierta.
Me sentía volar,
dejando sangre como halo de un cometa.

Allí en lo alto.
Me rasgaría el vestido.
Para ser liviana.
Descalza. Despeinada. Desnuda.

Allí en la cima.
Sin aliento.
Con una sonrisa.
Por fin,
te encontraría.



5 de diciembre de 2005
.

1 comentario:

Liliana Varela dijo...

Muy bien Amparo!! de a poco vas siendo tu propia dueña del espacio y tiempo.
Bravo!.
Besos
Liliana